LO BUENO, LO MALO Y LO FEO

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Todo mundo quiere salvar a las ballenas, tortugas y delfines.  Y eso es bueno.  En la conservación es útil solidarizarse alrededor de una especie “carismática”, como el famoso panda de la WWF.  Las criaturas adorables son símbolos poderosos con los cuales nos identificamos a nivel emocional. No necesitamos saber de la fisiología o ecología de los elefantes para amarlos. Ni necesitamos comprender las fuerzas sociales y económicas que amenazan a los orangutanes para darnos cuenta que merecen ser protegidos.
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Pero estas especies carismáticas solo cuentan partes de la historia.  Hay criaturas mucho menos atractivas, malentendidas y hasta odiadas, que son increíblemente importantes a nuestro bienestar común.  Y es importante que conozcamos su historia y corrijamos estos malentendidos.

Por ello me dio gusto ver recientemente un video de YouTube que muestra como los lobos tienen un impacto muy positivo sobre su entorno.  Aunque son criaturas formidables, los lobos siguen inspirando miedo y por ello no gozan de la buena voluntad que beneficia, por ejemplo, a los koalas. Y por eso espero que este video nos ayude a apreciar más a los lobos.  En caso de que no lo hayan visto, muestra como la introducción de unos cuantos lobos detona una reacción en cadena que resulta en ríos más limpios y profundos, menos propensos a desbordarse y a causar erosión.

Dado que vivo en el Caribe Mexicano, esto me puso a pensar en tiburones.  Los tiburones son lo opuesto de una especie carismática. Son vilipendiados como ninguna otra criatura sobre la faz de la Tierra.  En promedio, los tiburones matan a unas 5 personas al año.  Y les cobramos matando a más de 100 millones de tiburones al año.  Y sin embargo estos supuestos monstruos son de vital importancia para los ecosistemas marinos, particularmente para los arrecifes coralinos.
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La razón es que los tiburones cazan peces que a su vez se alimentan de criaturas herbívoras que comen algas.  Por ejemplo, entre menos tiburones, hay más rayas, y por lo tanto menos moluscos, lo cual resulta en más algas.  Dado que las algas crecen más rápido que todo lo demás, es indispensable que los herbívoros las mantengan bajo control.  Ante la ausencia de estos herbívoros, las algas explotan, abrumando a otras especies y sofocando al ecosistema entero.

Y es sobre estos herbívoros que quisiera hablar. Los tiburones, por muy malentendidos, tienen sus admiradores.  Dudo mucho que algún día lleguen a ser tan populares cono los delfines, pero por lo menos  empezamos a tomar conciencia de lo injusto que somos con ellos.  Y aunque me da gusto que entendamos mejor a los temibles depredadores, quisiera mencionar a unos humildes invertebrados que la mayoría ignoramos por completo.  Que yo sepa, a nadie le importan los erizos de mar.

Y sin embargo, los erizos han resultado ser especies claves en dos ecosistemas marinos completamente distintos: los bosques de algas laminariales de Alaska, y los arrecifes coralinos del Caribe.

En Alaska, la sobrepesca llevó a una disminución en la población de focas, simplemente porque no había suficientes peces para mantenerlas. Ante esta carencia de focas, las orcas se vieron obligadas a cazar más nutrias marinas.  Las nutrias marinas se alimentan de erizos que comen algas.  Ante la falta de nutrias, explotó la población de erizos (del género Strongylocentrotus) y estos herbívoros pronto acabaron con los bosques de algas.

Sin embargo, en el Caribe fue la falta de erizos la que llevó al desastre.  En 1983 una epidemia (o mejor dicho, una epizootica) mató al 97% de los erizos Diadema (Diadema antillarum) del Caribe, con resultados catastróficos.  Los arrecifes coralinos se vieron sofocados por algas, y se desplomaron ecosistemas enteros, que a la fecha no se han recuperado. Aunque las razones por las cuales la cobertura de coral vivo de los arrecifes del Caribe se calcula en apenas un 8% son muchas- la contaminación, el cambio climático, etc…- la desaparición de los erizos hace 30 años fue un punto de inflexión sin igual.  De hecho, investigadores han demostrado que la reintroducción del erizo facilita la recuperación del arrecife.  También se ha sugerido que previo a la epidemia, la densidad de población del erizo era demasiado alta, debido a la sobrepesca de sus depredares.  Eliminamos a los depredadores del erizo, hubo una explosión en la población de erizos, lo cual resultó en una mortal epidemia, que llevó al colapso de ecosistemas arrecifales en todo el Caribe.
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En este caso el erizo desarrolló el papel del heroe caido, en el previo fue el villano oportunista.  Y en ninguno de los casos la humanidad se propuso alterar el ecosistema. Ambos incidentes nos tomaron por sorpresa.  Fuimos incapaces de prevenir el impacto profundo de nuestras acciones, porque somos mucho menos sabios de lo que nos gusta imaginarnos.  Si fuéramos tan inteligentes como presumimos, nos daríamos cuenta de que todos estamos conectados en maneras que ni podemos concebir, y actuaríamos de manera acorde: con cautela y humildad.

Y así mientras las ballenas, tortugas y delfines son adoradas universalmente sin razón alguna, nuestra razón comienza a decirnos que los lobos y tiburones no son tan malos como los creíamos.  Y que especies como el erizo, que ignoramos porque no nos inspiran ni cariño ni temor, pueden ser las más importantes de todas.

Por ello no basta cuidar de lo bueno, y de lo malo. Necesitamos también amar a lo feo.

David Nuñez es biólogo, fotógrafo y autor de   varios libros sobre la fauna del Caribe Mexicano, así como miembro fundador de  Mexiconservación.

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