ELOTIZA

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Me invitaron a una elotiza.  No acostumbro ir a fiestas, pero me ganaron las ganas de salir de la ciudad.   Ya en camino me di cuenta que habían pasado 15 o 20 años desde la ultima vez que participaba en algo así: la fiesta improvisada bajo un árbol, los elotes recién cortados asados directamente sobre la fogata.

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Pero curiosamente lo que más disfrute, no fue ni la comida (deliciosa), ni la convivencia (con excelentes personas), sino la oportunidad de caminar por el campo.

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Desde antes de llegar al sitio, mientras subíamos el cerro en coche, me dieron ganas de salir a examinar flores e insectos y continuar a pie. No lo hice únicamente por no saber a donde nos dirigíamos.

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Al llegar finalmente al sitio, mientras unos se metieron entre mazorcas a cortar elotes, y otros prepararon el fuego, yo me escape.  O más bien, me perdí.  Tenía toda la intención de ayudar en la cosecha, pero me llamó la atención una araña, y luego una flor y pronto andaba yo acechando insectos como no hacía desde que era niño.

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La única diferencia es que esta vez no intenté capturarlos, sino fotografiarlos.
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Salieron a mi encuentro escarabajos, arañas, mariposas y libélulas- y por supuesto, los mosquitos.

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Pero los que más me llamaron la atención fueron los saltamontes. Los encontré pequeños y enormes, verdes y negros, tímidos e indiferentes.

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Regresé con bastante hambre, y ni se me ocurrió fotografiar la fiesta.  En cambió, grabé en mi mente las imágenes que contemplé de niños que esperan ansiosos junto a las brasas mientras los adultos las soplan con su sombrero, y los perros husmean entre piernas; de jóvenes sazonando elotes humeantes con chile, limón y sal, otros con crema y queso, y hasta uno que otro blasfemo con mayonesa…  Pero sobre todo, de gente diversa compartiendo no solo alimentos, sino momentos- risas y abrazos.

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De vuelta en casa intenté investigar un poco acerca de los saltamontes.  Aprendí que tan solo en México hay más de 900 distintas especies de saltamontes, chapulines, grillos y langostas. Y desistí de mi intención de identificar los que había visto.

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En cambio me puse a pensar en la fábula de Esopo sobre la hormiga y el saltamontes.  Aquella en que durante el verano el saltamontes come y canta, mientras se mofa de la hormiga que trabaja arduamente almacenando alimentos para un futuro incierto.  Llega el invierno y el saltamontes hambriento tiene que pedir limosna a la hormiga. La hormiga regaña al saltamontes por irresponsable y la supuesta moraleja tiene que ver con la importancia de dedicarnos al trabajo y ser precavidos.

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Aunque honestamente no puedo oponerme a un mensaje así, también es cierto que siempre me ha molestado esta historia. Y es que si todos fuéramos hormigas, sería muy triste este mundo.

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Creo que cuando trabajamos no solo por cubrir nuestras necesidades básicas, sino por acumular lujos como son la ropa de moda y la tecnología de vanguardia, vale la pena revaluar lo nos ofrece el saltamontes de la fábula.  Quizá sería mejor si, una vez satisfechas nuestras necesidades básicas de comida y cobijo, dejáramos de trabajar tanto por acumular cosas y disfrutáramos un poco más de la vida.

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Creo que una elotiza, un día en la playa,  un paseo por el bosque, o una salida al parque más cercano a todos nos hace bien- aún cuando tengamos otras cosas que hacer.

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Antes de ver al saltamontes adoptar los hábitos de la hormiga, yo propondría una alternativa en que se festejan y aprovechan ambas naturalezas.  Si ambas especies reconocieran el valor que hay en otras formas de ser, ambas se verían beneficiadas.  El saltamontes podría entretener a la hormiga mientras trabaja, sin mofarse de ella. Y a cambio la hormiga podría reconocer que el saltamontes le hace más amena la vida, y compartirle sin reprocharle.

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Yo, por lo menos, espero no dejar pasar otros 20 años antes de mi próxima elotiza.

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David Nuñez es biólogo, fotógrafo y autor de un par de libros sobre la fauna del Caribe Mexicano, así como miembro fundador de Mexiconservación.

One response to “ELOTIZA

  1. Pingback: ELOTADA | mexiconservacion·

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